De Cartas y trasfondos; el caso Cárdenas

Samuel Pérez García
De pronto el Ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas despertó. Y encontró que su partido estaba sucio. Con muchos problemas, más que antes, tan demasiados que urge aplicar la regla, practicar una nueva moral, reconvenir la estrategia política. Sanear el ambiente.

Dijeran los filósofos: ir a la fuente originaria. Propone en su carta casi la misma acción del 2008 cuando se soltó el cochinero: la aplicación de los estatutos para expulsar a todos aquellos que hicieron labor abierta y de zapa contra el PRD; la convocatoria a un Consejo Nacional, después la renuncia obligada del Comité Ejecutivo, de todas las comisiones y órganos de dirección presentadas ante el propio Consejo Nacional para que éste haga las sustituciones y dé paso a los nombramientos provisionales, que permitan a mediano plazo la elección de los órganos de dirección y un proceso de reafiliación nacional de los militantes de ese partido.

Se queja Cárdenas de que en marzo del 2008 hizo un llamamiento a resolver la cuestionada elección donde se eligió a Jesús Ortega. Ahí propuso la renuncia de todos los contendientes en el cochinero selectivo, pero nadie le hizo caso.

Dice que en esa ocasión “prevalecieron los intereses de facción, el sectarismo y la intolerancia.”Denuncia que al interior del PRD existe una parálisis respecto del trabajo político para hacerlo crecer como organización, falta debate interno y de propuestas viables sobre los grandes problemas de la nación. Señala que en esas condiciones no podía esperarse otra cosa que resultados catastróficos.

Se queja de los acuerdos emanados de la reciente reunión en Michoacán donde donde Jesús Ortega y gobernadores perredistas acordaron la unidad de todos los militantes antes que la expulsión, y señala su desacuerdo por no aplicar los estatutos contra aquellos que apoyaron a candidatos contrarios.

Dice que los reunidos no están facultados para otorgar amnistía, pues –intenta decir- la base de militantes a través de sus órganos nunca fue consultada. Clama por una reflexión autocrítica, pues el PRD está perdiendo su rumbo original, y cita un párrafo contenido en aquel llamamiento del 5 de mayo de 1989: “Queremos que nuestra organización sea un instrumento de la sociedad, y no tan solo de sus miembros o dirigentes, y para ello tendrá que dar en sus normas democráticas, en su vida interna, en la trasparencia de sus recursos, en la autonomía de sus componentes regionales, en la libertad de tendencias y corrientes en su seno, en la unidad y en el respeto a las decisiones colectivas y, sobre todo, en la conducta personal de cada uno de sus miembros, la imagen tangible de aquello que se propone para el país y para la sociedad” Pero Cuauhtémoc no se conforma con sólo eso, pretende una reestructuración profunda del partido con la aprobación de nuevos documentos básicos, un nuevo padrón levantado a partir de la reafiliación de militantes, acabar con el sistema clientelar y corporativo en que han vivido inmersos los perredistas, en la disolución de los grupos de presión, llámese corrientes, que han buscado intereses personalistas y de facción, a quienes atribuye prácticas sectarias y clientelares e intolerantes, las cuales han inhibido la libre discusión de las ideas y propuestas a favor de la revolución democrática a la que aspira el país.

Dijo eso y más. Pero le faltó al dirigente “moral” que así como publicó esa carta, asimismo debió haber planteado su autocrítica de lo que ha sido su correría desde la fundación de la corriente democrática hasta lo que hoy es el PRD.

En esa autocrítica deberá reconocer que en 1988, cuando la gente estuvo con él, le faltó valor para iniciar una jornada de lucha mediante otras vías no idóneas, pero necesarias para defender su triunfo. Lo que se supo después es que se reunió en privado con Carlos Salinas de Gortari y ahí, lo único que hizo fue empujar al pelón, que mediante el fraude orquestado lo había dejado sin la presidencia.

Es cierto, y dice con verdad, de que los muchos muertos, más de quinientos en el periodo salinista, no merecen el producto faccioso y arribista en que se ha convertido el PRD, y por eso propugna la refundación de ese partido.

Sin embargo, hay que saber que desde la construcción del PRD las corrientes y sus prácticas clientelares han existido, porque los fundadores más sobresalientes provienen del PRI. En ese partido aprendieron los trucos que hoy aplican los perredistas.

Al sumarse los comunistas, socialistas, troskistas con los priístas y dar origen al PRD, desafortunadamente fueron estos últimos, quienes forjaron el rostro del partido.

Y lo moldearon como sabían: corporativo, vertical, clientelar, marrullero. El vicio es de origen no a causa de una desviación.

Desde esa perspectiva el PRD es similar al PRI, aunque distinto en su discurso. Los perredistas se acostumbraron a ver la política no como un fin para avanzar hacia una sociedad democrática, sino como un medio donde había que ganar a toda costa, por eso, lo que vale no son los principios, sino los candidatos.

Si este posee principios ideológicos y propuestas viables y acordes con la revolución democrática, es lo de menos.

Que tenga para pagar la campaña es lo que importa. Por eso casi siempre nominan como candidato a un ricacho, pero no a un dirigente formado ideológicamente. En la percepción de los perredistas se trata de ganar no de competir.

Y para lograrlo, hay que nominar a un rico. Visto la política de este modo rupestre, la revolución democrática no es más que un simple discurso político sin agarradera en la realidad. Desde 1994 a la fecha los perredistas comenzaron a practicar la política clientelar, el voto coactivo para ser candidato, el acarreo como sistema, la quema de urnas o el relleno, el falseo de actas, todo con tal de que surgiera el candidato consignado y luego cobrarle el favor de la nominación. En Cosoleacaque y en Coatzacoalcos, por ejemplo, hay miles que la jugaron contra su propio partido cuando éste no satisfacía las aspiraciones personales.

En Cosoleacaque Darío Aburto es el prohombre, constructor y destructor del PRD. Angel y demonio es el excurita, pues gracias a él se ganó en 1994, pero como también es imperfecto, le nació la ambición de repetir en el poder, pues solo ahí se come y viste bien.

Y se la jugó en el 2000 otra vez. Y sigue actualmente como regidor. Ahora jugó en dos bandas: con Obrador y con Fredy Ayala. En Coatzacoalcos, doña Gloria Rasgado le ha tocado en su tiempo hacer campaña contra su propio partido.

Incrustó alguna vez a su hija como regidora, a bien lo ha hecho con sus incondicionales. Ahora muchos se la jugaron con Tony Williams, (El Chamula, Amado Malpica y otros) y siguen ahí, vivitos y coleando, en espera de nuevas oportunidades.

Borrón y cuenta nueva. No hay moral, no hay partido. Se hace en el PRD y en el PRI. En el PAN y en todos los que se quiera. Lo que prevalece en la política actual no es el principio ético, sino la oportunidad. El que la asuma, sea sucia o limpia, si gana es un exitoso; si pierde es un pendejo. Con esa óptica no se puede debatir ni salvar las contradicciones.

El PRD no es un partido abstracto, sino concreto, formado por hombres ambiciosos, pragmáticos, que merodean en torno al poder investidos con un discurso a favor de los pobres, a favor del cambio.

Pero en el fondo de su corazón y en su práctica, no es para revolucionar democráticamente a la sociedad, sino de lograr la oportunidad que permita alcanzar un nuevo escalón social: traje nuevo, coche nuevo, y sí se puede un negocito: una tienda, una cantina, un lavado de autos, o unos locales de alquiler.

Para conseguir esto, hay que hacer de la política circo maroma y teatro. Por eso me extraña que Cuauhtémoc Cárdenas, que también cerró sus ojos cuando le tocó dirigir a su partido, hoy pretenda aplicar rigurosamente los estatutos, solamente porque a instancias de López Obrador, muchos dirigentes, militantes y pueblo en general, se fueron con la finta y votaron por un partido distinto.

Pero Cuauhtémoc tiene también su guardadito. Los veracruzanos se han de acordar cuando en 1998 vetó la candidatura de Ignacio Morales Lechuga, y en su lugar impuso al actual senador Arturo Hervitz. ¿Acaso no el 80% del consejo estatal del PRD habían decidido apoyar a Morales Lechuga?

Pero Arturo Hervitz recibió la línea: buscar otro candidato, y como no había, se autonombró, aunque de facto los consejeros votaron por él.

En esa vez, Cárdenas no convocó a la militancia, sino a lo que el Consejo Nacional había decidido. Asuntos como este de militantes que se van a favor de un candidato de otro partido es mole de cada elección, no solamente de esta del 2009. Me extraña que Cárdenas siendo araña no sepa tejer su propia tela.

¿O es que la carta tiene dedicatoria especial para López Obrador. ¿Por qué no se pronunció a favor del peje en el 2006? ¿Por qué no protestó contra el fraude electoral que ocasionó el duce Felipillo? La razón es esta: Cárdenas quiere ser puente de equilibrio entre la burguesía y el proletariado.

Lo hace así porque los primeros le dan dinero para la campaña, y los pobres le ofrecen votos. Ambas partes le son necesarias para satisfacer su aspiración política eterna: ser presidente del país. En esa ocasión del 2006, si Cárdenas se manifestaba a favor de López Obrador, estaría marcando su raya con los grandes ricos del país, y estos no lo apoyarían en una próxima gesta, que ahora vuelve a ver cerca, ante el decaímiento del tabasqueño.

Esta actitud de querer jugar al puente entre dos extremos no es error, es un mandato inconsciente que se trasluce a la hora de tomar decisiones políticas: ni con los ricos, pero tampoco contra los pobres: un puente de equilibrio para salvar al país del despeñadero. Esa idea de mediar entre los ricos y los pobres Cárdenas lo trae de origen, pues proviene del PRI.

De éste partido mamó toda la ideología que lo nutre. Así, la revolución democrática para él no es cambiar la correlación de fuerzas sociales a favor del proletariado; darle al pueblo instancias políticas, jurídicas y económicas para que tome las decisiones en el desarrollo del país, sino el de proponer una alianza entre empresarios y obreros, terratenientes y campesinos, amos y sirvientes para que los de abajo sigan estando abajo y los de arriba permanezcan en ese lugar.

Para eso se requiere un mediador capaz de tejer esas alianzas. Y ahora que Obrador está debilitado, Cárdenas aspira de nueva cuenta a convertirse en candidato para el 2012 y convertirse en ese arquitecto social. Así, no es gratuito que Cárdenas quiera aplicar los estatutos.

Me parece que esa propuesta lleva dedicatoria para López Obrador, cuyos magros resultados electorales ponen en tela de juicio su capacidad de convocatoria.

Al debilitarse el tabasqueño, el michoacano quiere eregirse en su verdugo, y azuza a favor de la expulsión.

Qué sencillo es decir apliquen el estatuto, renuncien todos, como si esos todos no tuvieran intereses personales que defender. Y esto me lleva al recuerdo de la mujer apedreada por haber pecado. Cuando Jesús llega les dice cuál es la razón.

Todos vociferan que porque es una pecadora. Entonces, el mesías señala que aquél que esté libre de culpa que arroje la primera piedra. ¿Lo estará Cuauhtémoc con respecto del Peje?

Se los dejo a la reflexión.

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