El voto nulo: Recuperación de la dignidad ciudadana

Samuel Pérez García
Ahora se discute, desde diferentes perspectivas y estatus si es bueno o no abstenerse de votar.
Algunos opinan que no votar es dejar que unos cuantos decidan por los demás; es entregarles a los futuros diputados un cheque en blanco, sin nada de reclamos futuros: “Tu no votaste, no tengo porque recibir reclamo tuyo”.
Otros argumentan que quien está detrás de esta campaña de anulación al voto es el propio gobierno panista y el PRI, a quienes si les conviene que la gente no vote para que ellos puedan hacer la trapacería que siempre realizan en condiciones de escasa votación.
Son argumentos partidistas y pretenden con ello desestimar los otros argumentos por las cuales, sí hay que votar –algo distinto de no ir a votar- pero anulando el voto.
Quiero, en las siguientes líneas, ofrecer argumentos porque es viable ir a votar pero anular el voto, que al final de cuenta, es un voto anulado, es un voto que no cuenta en la elección del 5 de julio, pero tambien será un voto que sí tendrá repercusiones en el futuro.
Vamos por partes.
Primero: La sociedad mexicana desde el siglo pasado, a partir de los años setenta con la reforma política, entró a la era de los partidos para poder decidir por el voto –sin auxilio de las armas como sucedió con Francisco Ignacio Madero-, quienes constituirían el Congreso federal y local; el poder ejecutivo federal y local, así como los cabildos en cada municipio.
Antes, solamente era el PRI y el PAN quienes podían aspirar a eso.
El PCM estaba excluido. Se constituyó así la partidocracia, es decir la era en que solamente los partidos (PAN, PRI, PRD, PSD, PT, CONVERGENCIA, PVEM) decidían y deciden la vida política en la sociedad.
Para ello han reformado las leyes electorales vigentes a tal efecto de que no cualquiera pueda constituirse como candidato a un cargo de elección popular.
En Veracruz, por ejemplo, no hay la posibilidad de partidos municipales, pues estos para poder existir requieren del 5 por cientos del total de votantes inscritos en el padrón electoral.
Algo difícil de conseguir por el dinero que se requeriría para poder constituir un partido municipal.
Tampoco, lógicamente, pueden agruparse los ciudadanos e inscribir una planilla para poder contender.
Para ser gobernador se debe haber nacido en el estado al cual se aspira, aún cuando ya se tenga muchos años de vivir en el mismo; incluso, dentro de algunos partidos, para aspirar al cargo de gobernador hay que haber ganado antes un escaño mediante el voto.
Son leyes excluyentes y discriminatorias para los ciudadanos que no militan en ninguna organización partidaria; son leyes que han privatizado el derecho a participar electoralmente a favor de sus propios militantes.
Pero sí pudieramos diagnosticar cuántos de los 78 millones de ciudadanos inscritos pertenecen a un partido, se encontraría, estoy seguro, que por lo menos, dos terceras partes, es decir, la mayoria de la sociedad no pertenece a ningún partido registrado.
Pese a ello, somos una sociedad sujeta a designios de los partidos, pues son ellos, mediante sus legisladores, quienes deciden la suerte de un estado, de un país y de los ciudadanos en su conjunto.

Segundo: en virtud de lo anterior no existe la posibilidad de elegir a ciudadanos sin carnet de militante, a ciudadanos que por el simple gusto o por encontrar que los políticos han venido fallando –tal y como ahora está sucediendo en México: se ha venido entregando el país a los bancos extranjeros, a los inversionistas extranjeros, se han venido creando leyes que atentan contra la seguridad social de los trabajadores, tal y como ha sucedido con la reformas a las leyes del ISSSTE y del IMSS; los Bancos mantienen altos intereses para los ahorradores mexicanos, mientras que en los países de origen de los bancos, estos intereses y tarifas son menores, en fin, estos son apenas algunos logros que los diputados, los gobernadores y de los presidentes municipales han conseguido para los ciudadanos.
Cada fin de año, el pleito entre las camadas diputadiles es si aprietan al ciudadano con los impuestos o no.
Después de muchas alharacas, terminan aprobando más altos impuestos, y cargando todo a espaldas del trabajador y consumidor.
Somos un país, cuyos impuestos son bastante onerosos para el pueblo, en tanto que para los grandes comerciantes e inversionistas extranjeros, pagar impuestos es pan comido, porque para ellos les resulta fácil evadir las leyes.
La luz, el agua, la gasolina y el gas, si lo compra el simple ciudadano, le cuesta más caro; en cambio, si lo compra un hotelero o una industria, paga menos por comprar más.
Así de injusto son las leyes que han creado los gobiernos en turno con todos sus concejales electos por el voto.
No señalemos los actos de corrupción, porque esos son lunares eternos.
Tampoco recordemos que los políticos son los primeros evasores de impuestos, pues en México, ser político y evasor es la misma chingadera.
Pese a ello y lo mal que han venido ejerciendo el poder no hay contra estos diputados y políticos, alguna ley que los apriete, alguna cláusula de revocación del mandato como existe en otros países; al contrario, ahora los diputados mexicanos lo que quieren es crear una ley que les permita reelegirse, por aquello que diputado probado, es mejor.

Tercero: todos estos hechos, que sobresalen a simple vista si el ciudadano se pone tantito a pensar, ha venido creando un malestar que se está extendiendo y profundizando, a tal grado de crear contra la partidocracia esta alternativa que hoy se vislumbra: acudir a las urnas, para sufragar como cualquiera, pero rayando toda la boleta y poniendo un mensaje, entre las que pueden sobresalir:
NO, A LA PARTIDOCRACIA; CIUDADANOS ELEGIBLES SIN NECESIDAD DE PARTIDOS; ALTO A LOS IMPUESTOS ONEROSOS CONTRA EL PUEBLO TRABAJADOR; DEROGACION DE LA LEY DEL ISSTE; MI VOTO ES POR ANDRES MANUEL LOPEZ OBRADOR; SI A LA EXISTENCIA DE PARTIDOS MUNICIPALES SIN TANTAS TRABAS.

Al rayar TODA la boleta y colocar alguna leyenda, el ciudadano no está simplemente anulando su voto; esta protestando enérgicamente contra el estado de la situación y mandando un mensaje: o cambia esta situación crítica o la olla comenzará a hervir y una vez el agua se caliente, romperá las amarras que lo atan.
Las protestas se diversificarán hasta desembocar en una situación crítica, difícil de controlar para el gobierno.
Por eso, si el ciudadano acude a votar, tacha toda la boleta y pone alguna de estas leyendas, no es un ciudadano que esté atentando contra la democracia actual y las leyes vigentes; al contrario, es un ciudadano que sabe con claridad el momento que está viviendo y se está comprometiendo con ponerle un alto al estado de cosas: ni el gobierno ni los partidos deben seguir imponiendo sus directrices frente a la sociedad, cuando esas directrices atenten contra el bienestar común.
Somos los ciudadanos el motor y el aceite para que la sociedad no se estanque ni se esclerotice.

Cuarto: Esta iniciativa, de ningún modo está saliendo del fondo de algún partido político, llámese PAN, PRI o PRD, PVEM o PT, es solamente un síntoma de algo más profundo: la sociedad mexicana está llegando al límite de su aguante y, más temprano que tarde, este descontento hará ebullición y explotará al modo de una nueva revolución.
El desconento está encontrando un camino para saldar la cuenta con ese pasado desastroso en que nos metió la revolución mexicana hecha institución, y pues, a cien años de esa, el descontento vuelve otra vez a cabalgar por los insterticios sociales de igual modo como a principios del siglo pasado pasó con la dictadura de Porfirio Díaz.
Ahora no hay dictadura de un hombre, pero si de unos cuantos partidos, que con la representación mediante la cual son investidos con el voto popular, usan esa representación para asignarse cuantiosos sueldos, y en pago, le dan al pueblo altos impuestos, para que ellos puedan darse una vida de lujo por los años que estén en el poder.
Peor aún: presentan candidatos mediocres, corruptos y faltos de talentos para diseñar una ingeniera de desarrollo.
Al ser mediocres y corruptos, gustan de llegar al puesto pero no para crear leyes que beneficien al pueblo, sino para gozar de los jugosos sueldos y corruptelas que la oportunidad les presenta.

¿No es, pues, necesario, que seamos los ciudadadanos quienes le demos la vuelta a la tortilla? Es decir, ¿no nos corresponde a nosotros voltearla para decirle a los partidos y a sus candidatos, “nosotros te pusimos, nosotros te quitamos?” ¿Cómo? Pues así: saliendo a votar, pero anulando el voto y escribiendo la leyenda que tu imaginación decida. ¿Con qué fin? Para crear un movimiento social alternativo a los partidos para empujar el desarrollo de México, sin que en el timón y en la cubierta haya tantos corruptos como los que actualmente están. Desde luego faltarán todavía otros pasos a seguir. Pero por el momento salir a votar así y anular el voto es recuperar la dignidad y el derecho de llamarse ciudadano. ¿Te atreverías a ser distinto o quieres seguir siendo borrego?

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