El voto nulo es inútil

Retrospectiva
Francisco Javier Muñoz Ruiz
3 de junio del 2009.- Conforme se acerca la jornada electoral del 5 de julio en la que los mexicanos habremos de renovar la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión, cada vez se habla y discute con más insistencia en la conveniencia de no votar o ir a las urnas para anular el voto como una manera de mostrar a partidos y candidatos el rechazo de la gente sus ofertas, y de forma más amplia para evidenciar su molestia con los políticos en general.

Todo mundo está en su derecho de mostrar o expresar su opinión política y puede si quiere no votar o anular su voto. Nadie objeta que cada quien haga lo que quiera con su sufragio. Sin embargo parece sospechoso que se quiera aprovechar la expresión auténtica de hartazgo de diversos sectores ciudadanos. Porque aquí lo importante saber es quién se beneficia con inhibir o dejar en lo mínimo la participación ciudadana. A quién le conviene que el ciudadano se quede en casa. Históricamente ello beneficia al partido que gobierna, en este caso a la derecha, para quien mientras menos se vea y oiga al ciudadano mejor.

Con base en la información del Instituto Federal Electoral la lista nominal de ciudadanos con derecho a voto consta de 77 millones 481 mil 874 personas. Algunos analistas han pronosticado que en la próxima elección federal del 5 de julio habrá entre 65 y 70 por ciento de abstención, lo que significaría, en la máxima abstención calculada, que sólo asistirían a votar poco más de 23.3 millones ciudadanos. Por lo tanto los partidarios del voto nulo se dirigen a este segmento y no a los más de 54 millones de mexicanos que probablemente se abstengan de sufragar.

Visto de otra manera, convocar a anular el voto es hacer posible que los que sí votan, por pocos que sean, elijan a los diputados por todos los demás, es decir por los abstencionistas y por quienes anulen su voto. Lo que no significa otra cosa que dar un cheque en blanco a quienes triunfen de la próxima contienda, quienes de todos modos llegarán al Congreso y poco les importará entonces la forma en que llegaron.

¿De donde sacan entonces los promotores de la abstención o del voto nulo que van a “sensibilizar” a los nuevos legisladores? Si creen que mandarán un mensaje de repudio al sistema electoral o partidista al no acudir a las urnas o al echar a perder su voto, el resultado será mínimo. Actos así no cuestionarán la legitimidad de quien gane y del propio esquema de competencia. Mejor sería que elijan a candidatos y partidos que salgan del común de los políticos tradicionales, que son justamente los que ya han dado sobradas muestras de su falta de compromiso con los electores. Mejor sería que revisasen la oferta de los partidos emergentes y con otro discurso como es el caso de Nueva Alianza.

No debe perderse de vista que lograr el reconocimiento del voto universal libre y secreto y que se ejerce de forma personal y autónoma en México ha sido un proceso histórico logrado precisamente gracias a un largo y lento proceso en el que millones de mexicanos pagaron un alto costo porque tal hecho fuera una realidad y un derecho innegable.

Nadie pone en duda, por otra parte, y en reconocimiento al malestar de los promotores del voto nulo, que nuestro sistema político muestra signos de agotamiento, que hay políticos corruptos e ineficientes que poco o en nada ayudan a la gente, que las reglas del juego electoral pueden sin duda ser mejores y que se requiere adecuarlas para hacer la competencia más equitativa , pero también es cierto que la propuesta del voto nulo es más un nuevo mito político y se convierte en un auténtico callejón sin salida al consolidar vicios autoritarios al eliminar con su acción el pluripartidismo y las minorías que ahí se inscriben. Se quiere volver a los tiempos en que el ciudadano no opinaba y se quedaba en casa. A que otros decidieran por él.
Mejor asómese y conozca otras opciones. No todo es el PAN, PRI y PRD.

Sus comentarios: fjmunoz_2000@yahoo.com.mx

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