El duro Voto Nulo

Federico Valentín Andrade Flores
El abstencionismo, por el cual el ciudadano dejaba de emitir su voto, favorecía, indudablemente a los partidos políticos y aunque – de dientes para afuera – sus candidatos exhortaban a los ciudadanos a votar, esta posición anti sufragante, no les importaba.


De los casi 78 millones de electores registrados por el Instituto Federal Electoral (IFE), las encuestas – más o menos confiables – indicaban que se abstendría de efectuar su derecho a votar alrededor del 35 por ciento, o sea más o menos 27 millones, pero con el resto de sufragantes, o sea 50 millones de mexicanos si votarían para continuar permitiendo el negocio de la política. Por tanto, el abstencionismo, no les preocupaba.


Sin embargo, un fenómeno de resistencia civil ante esta situación, se está gestando en una nueva actitud ciudadana, que podemos calificar de rebeldía, misma que se considera harta de los partidos políticos y sus candidatos, demostrando, con esta actitud el descontento social y la frustración política imperante.


En un breve análisis de TODOS los candidatos de cualquier partido político, observamos que NINGUNO merece el alto honor de representarnos. Quien no es amigo, contlapache o compadre del dirigente, sea federal, estatal o municipal, es, pariente, cónyuge, amante o “favorito” del Presidente del Comité Ejecutivo, transa y pillo redomado, con antecedentes penales y hasta maricón, no es candidato por ninguno de estos “institutos” políticos.


Con el voto blanco o voto nulo, el repudio a la clase política imperante y en especial a los partidos políticos convertidos en negocios hasta de tipo familiar será masivo. Se les combatiría con sus propias armas, pero expresando el verdadero sentir de la engañada población. Por ello es que hay pánico.


Y lo demuestran en los desesperados discursos de sus dirigentes y candidatos registrados, sin importar si son priistas, panistas, perredistas, convergentes o hasta de color como el verde que se dice ecologista.


Y de esto nos damos cuenta que no es la abstención, sino el voto nulo o blanco lo que los tiene aterrorizados, ya que pueden perder sus jugosas canonjías que salen de nuestros bolsillos. El voto nulo es la anulación del sufragio, es el anti voto, más en que consiste y porque se califica como una muestra de rebeldía ciudadana. Cuando el votante recoge la papeleta en la casilla electoral, basta con que tache a TODOS los partidos y coloque una consigna o lema de rechazo como ¡Ya basta!, ¡No a los partidos!, ¡No más corrupción!, ¡Mentirosos!, o cualquier frase corta que se le ocurra en contra. Con esto el voto se anula.


Aquí es donde surge el miedo y aunque el Instituto Federal Electoral manifieste que basta un solo voto – pues la elección es por mayoriteo y no por mayoría – para que el candidato ocupe el puesto, el rechazó ciudadano se reflejará en el registro ante ese Instituto de los partidos políticos del país, quienes se han aprovechado de esta situación que ha llevado al país a la actual crisis social, política, económica y hasta cultural en la que nos encontramos, en nuestro país no hay democracia. Así, aunque los dirigentes y candidatos de los partidos políticos nos presenten sus sofismas, o para que sea más claro, sus mentiras, es el voto de nulidad lo que auténticamente nos puede dirigir hacia una revolución pacífica.


Que se entienda muy bien, que pese a las disposiciones de cerco militar que se ven llegar y a la desesperación de los dirigentes de los partidos políticos por promover hasta la abstención, el voto de nulidad es un voto insurgente, un voto de reclamo, un voto de rechazo y un voto que puede hacer perder la astucia política, ya que, como en la guerra de guerrillas, al enemigo se le combate con sus propias armas.


Y en este caso las armas ciudadanas son el voto de nulidad.


La solución a la situación actual no es votar este próximo 5 de julio por un candidato o partido. Es demostrar nuestro rechazo a estos.


Emite un voto de nulidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hoy en dia ya no se puede creer en ningun partido politico y mucho menos en el IFE no merecen el honor de ser llamados nuestros representantes