Los Partidos Políticos

Federico Valentín Andrade Flores

Los partidos políticos políticos constituyen una realidad de nuestro tiempo sobre la cual se articula la convivencia democrática como expresión de la pluralidad de intereses y opiniones que emanan del conjunto social.

Los partidos políticos nacen en el momento en que se produce la participación popular en el proceso de las decisiones políticas, en donde el llamado “grupo parlamentario” deviene en un órgano representativo del partido.

Así, en la pluralidad de los partidos políticos existentes en un régimen de democracia parlamentaria, cada partido trata de dar respuesta a las aspiraciones de determinado número de ciudadanos y se esfuerza por defender cierto programa de gestión.

Por ello requiere de un programa global con amplia perspectiva en base a ciertos valores fundamentales que constituyen su doctrina política y a partir de ello, articula su programa político.

Por otra parte, el partido constituido como instituto político, presenta a los electores los candidatos, que en caso de ser elegidos, ejercerán el poder inspirados en la doctrina y el programa ideológico del partido. El partido, entonces, realiza la propaganda para persuadir a los electores del valor de su programa y de los relevantes méritos del candidato, por lo tanto, sería erróneo suponer que los grupos de presión, aún dentro del mismo partido, son los únicos que corresponden al requerimiento de determinadas clases sociales.

Es aquí donde las organizaciones de tipo profesional o social suelen ser extremadamente útiles ya que, mejor que grupos de presión son más bien órganos representativos y es así que cuando los gama de partidos políticos de una nación no expresa adecuadamente la composición del cuerpo social, surge la protesta, aún entre su propia base de militantes.

La creación de los partidos políticos en México, surge como una estructura estable a partir de las primeras décadas del Siglo XX, ya que antes existían únicamente formas embrionarias de los mismos, cuyos orígenes se remontan a las logias masónicas y posteriormente en grupos parlamentarios, clubs, facciones organizadas, clientelas personales, etc., en la que el individuo (liberalismo) constituía la base ideológica, sin tomar en cuenta la admisión del conglomerado social.

En el Siglo XX esto se transforma y da origen a los mecanismos esenciales de comunicación entre la sociedad y el Estado en donde las diferencias son fluidas, ideológicamente poco consolidadas y socialmente poco agudas.

Se atribuye el nacimiento del partido político a la teoría de Jean Jacques Rosseau (1712 – 1778) expresada en su obra Du Contrat Social (El Contrato Social) donde afirma muy claramente su oposición a las formaciones políticas como elementos deformadores de la voluntad general escribiendo “Cuando se forman facciones, asociaciones parciales a expensas de la grande, la voluntad de cada una de esas asociaciones resulta general en relación a sus miembros y particular respecto del Estado. Entonces puede decirse que no hay tantos votantes como hombres, sino solo tantos votantes como asociaciones….

Cada una de estas asociaciones es tan grande que domina a todas las demás y se obtiene, como resultado, una suma de pequeñas diferencias que origina una diferencia única; entonces no existe una voluntad general y la opinión que prevalece no es más que una opinión particular” . En la misma dirección se expresan Maximilien de Robespierre (1758-1794) y Louis de Saint-Jacques (1767 – 1794) quienes abogarán contra la presencia de pequeños grupos políticos en el seno de un partido que solo favorece a sus privilegiados frente a la igualdad revolucionaria consagrada a la construcción, o como en el caso de México, a la reconstrucción de la Nación.

Cronológicamente la aparición de los partidos políticos suele situarse a partir de la tercera década del Siglo XIX y fue en los Estados Unidos donde se inicia su funcionamiento como expresión de apertura al pluralismo social, ya que las logias masónicas se convirtieron de Orden secreta en reunión discreta, pero con los atavismos de lo hermético.

Ya para 1861 se creó el principio del partido liberal, mientras se libraba una lucha constante con los conservadores, que ya desde los principios de la Independencia se oponían al cambio. De ambas ideologías y tomando como ejemplo el Parlamento inglés dividido en torys y whigs, se derivarían los preceptos modernos partidistas. Sin embargo los regímenes liberales carecían de una base democrática con lo que la población quedaba a margen del sistema. La burguesía en ascenso y las propiedades rurales, sobre todo las “Haciendas” constituían el soporte principal del nuevo sistema político mexicano, encarnado en la figura del Dictador Porfirio Díaz y su fuerza no hizo más que aumentar con la consolidación y extensión del capitalismo.

El desenvolvimiento del sufragio universal, fue, en muchos países, sobre todo latinoamericanos, un proceso largo y difícil y en ocasiones violento, debido a los resabios de las canonjías y fueros coloniales, grupos de poder privilegiados como los militares y el clero, pero más que nada la resistencia de la clase en el poder para dar el voto a las fuerzas sociales marginadas del quehacer político.

Así, la igualdad política, poco a poco se consolida y los partidos serán los verdaderos sujetos políticos del Siglo XX.

En Europa, mientras tanto, la organización autónoma de la clase obrera, ocasionará, como consecuencia, la destrucción de varias monarquías, pero sobre todo la de la sociedad burguesa. Es allí donde se halla la primera fórmula en la combinación y coordinación de las sociedades de resistencia; Clubs políticos, sindicatos, asociaciones ciudadanas, etc., que son las primeras en integrarse. En la práctica, la mayor parte de la clase obrera apoyó y fue el principio de los partidos democráticos en su lucha por la libertad y la igualdad, exigiendo el sufragio efectivo, la no reelección y las reformas sociales que culminarían en diversas Constituciones Políticas, como la mexicana, la de Weimar y la soviética.

En esta perspectiva, debemos mencionar la creación en Londres (1861) de la I Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores o A. I. T.) que adopta el leit motiv de “Trabajadores del mundo, uníos”.

10 años después en la Comuna de París, (1871), se produce la ruptura entre Karl Marx y Mikhail Bakunín. Este hecho significó, no solo el enfrentamiento entre ideologías, cosmovisiones y personas, sino, también entre concepciones filosóficas distintas de la organización política. Por un lado el anarquismo, por el otros el socialismo y finalmente el capitalismo.

Para el anarquismo que encabezaba Bakunín, la política era una creación burguesa y por tanto, el proletariado debería destruir el Estado para alcanzar la libertad, la anarquía, o sea el gobierno sin gobierno. Esta doctrina implica el rechazo de todas, absolutamente todas, las formas de expresión burguesa, y por tanto, la democracia y su principal instrumento: los partidos políticos.

Para la ideología socialista, representada por Marx, se trataba de dotar a la clase obrera de una organización política capaz de destruir al Estado burgués y sentar las bases para la construcción de un nuevo Estado que iniciases el camino hacia su propia extinción. Se trataba de crear organizaciones políticas con un abanico más amplio de afiliación que debía llevar la lucha al terreno del Estado. Así, esta ideología contempla a la clase obrera como la dirección de la sociedad y la eliminación de la sociedad dividida en clases que debe ser, al mismo tiempo, un instrumento de lucha para la transformación social.

Nace, también, en Italia, en el primer tercio del Siglo XX la ideología fascista, encabezada por Benito Mussolini y sus “camisas negras” adoptada también por el Partido Nacionalsocialista (Nazi) alemán quienes rechazan la convivencia con otras organizaciones, concebido como una unidad de jerarquía en cuya cúspide se encuentra el “jefe” (Duce o Fhürer) y cuya ideología puede resumirse en el axioma militar de que las ordenes del cual descienden no se discuten, simplemente, se ejecutan.

Es a partir de la II Guerra Mundial que empieza a tomarse en consideración que los partidos políticos no solo eran instrumentos de hecho, sino un componente fundamental de las democracias, hasta el punto de establecer una separación entre regimenes con más de un partido (democracia) y países con un solo partido o ninguna (dictadura).

Es así que los partidos dejaron de considerarse fenómenos patológicos o asociaciones circunstanciales, para adquirir el valor de instrumentos necesarios para crear un Estado moderno, condición necesaria, más no suficiente para el establecimiento de una democracia.Ante la competencia de los partidos de masas – socialistas y comunistas – los sectores conservadores iniciaron una vía organizativa en el mismo sentido, visible, sobre todo, donde habían existido los partidos fascistas. Fue entonces el surgimiento de los partidos conservadores modernos que, además de desarrollar el encuadramiento de masas, se presentaron como partidos de integración social, dotados de un programa concreto, de una ideología general capaz de oponerse a la socialista y animados por una maquinaria estable y poderosa, representada por los poseedores del capital y a la que no vacilaron en bautizar como neoliberalismo han logrado posicionarse en el panorama de una economía globalizada.

En la actualidad, el reconocimiento de los partidos como sujetos políticos reales es universal. La independencia, - por ejemplo – de un diputado es cada día menor, por cuanto a su dependencia del partido que le ha hecho elegir y puede dejarle fuera del juego político, lo que asegura su conducta incondicional como una realidad impositiva.

Con el proceso de la Independencia de las colonias, no solo se asimilaron los esquemas constitucionales, -de los que haremos un análisis en su oportunidad- cuyos rasgos, en la mayoría de los casos concluyen con resabios heredados del régimen colonialista y cuyos preceptos fueron de escasa eficacia, cuando no limitados a la pura semántica. Recuérdese el virreinal y legal concepto de “obsérvese, pero no se cumpla”.

En vez de concebirse como motor del Estado, el partido político se convierte en elemento de la dirección social de este. De allí la tendencia de considerar el partido “oficial” o único, como el elemento central; heredero del pasado colonial y no como el integrante de un sistema político plural.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), el Frente de Liberación Nacional de Argelia, el Partido Democrático de Guinea, el Partido del Congreso en la India, son, entre otros, ejemplo clásico de ello.

El objetivo es conseguir un mecanismo político que integre una población sin pasado histórico, sin tradición de participación política y con débil conciencia de la unidad nacional. Además, su escasa base programática los conecta directamente con quienes aparecen como líderes nacionales.

Sin embargo, la existencia de un partido político depende de las siguientes condiciones:
1.- Una continuidad organizativa.
2.- Una organización a nivel municipal estable y duradera, dotada de elementos de comunicación diversificada entre el partido, sus militantes y la opinión pública.
3.- Voluntad deliberada de sus dirigentes, tanto locales como nacionales para tomar y ejercer el poder, solos o en coalición o alianzas con otros partidos y no solamente con la esperanza de influir, algún día, en la toma de decisiones nacionales.
4.- El propósito del partido es buscar un sostén popular a través de las elecciones o de cualquier otra forma.

Así este mecanismo partidista, permitirá estructurar, a nivel político una conexión entre la sociedad y el Estado capaz de dar cuerpo a los sujetos políticos colectivos. Por tanto, los partidos son la expresión de los intereses y creencias de la sociedad, pero una expresión rasgada en múltiples divisiones, con niveles e importancia distintos, que se manifiestan a través de diversos grupos de interés y de los aparatos burocráticos que suministraron programas o fórmulas políticas derivadas de un proceso unitario, implícito y permeable, destinado a buscar un punto de cohesión entre todos los intereses, a partir de una jerarquización de los mismos y de unos proyectos de coherencia social diferenciados y diversificados, que convergen – no siempre – a la unificación partidista.

K y r i é E l é i s o n Antigua invocación griega que significa:
Señor, envía Tu Soplo,
envía Tu Misericordia.
Estoy necesitando de Tu Soplo,
de Tu Fuerza,
da Tu Misericórdia.

I. FEDERICO VALENTIN ANDRADE FLORES

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece excesivamente largo el artículo, cansado para leerlo

Anónimo dijo...

me parece muy interesante el articulo un poco largo pero valio la pena

lic.Jose Antoñio Vergara

Francisco González Christen dijo...

Se ve que Federico Valentín Andrade se documentó muy bien y que es muy inteligente. Pero también exige buena condición física del lector para seguirle el paso.