Hay que reforestar al país en serio





La Jornada Nacional de Reforestación, convocada por el gobierno federal para plantar 9 millones árboles en todo el país, fue calificada como todo un éxito por parte de las autoridades, principalmente por el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Juan Rafael Elvira Quesada, quien consideró que aún antes de concluida la jornada ya se había alcanzado el objetivo.

Cualquier actividad encaminada a fomentar la conciencia ecológica y a lograr la participación ciudadana en asuntos de preservación del medio ambiente, es loable y es necesario sumarse a esos esfuerzos. Pero declarar el éxito como si con eso estuviéramos resolviendo el grave problema de deforestación, contaminación de mantos acuíferos y pérdida de bosques y selvas, es una exageración.

Podemos aceptar que la meta anunciada se cumplió, sembrar 9 millones de arbolitos, y ya.

En esta jornada se movilizaron más de 500 mil ciudadanos, según estimaciones del mismo Elvira Quezada y, como dice el titular de Semarnat, hay que tomar en cuenta la inversión para sembrarlos que se estima entre 20 y 25 millones de pesos, que incluye el costo de los árboles, su traslado y como toda la infraestructura para movilizar gente.

Bien. Meta cumplida. Muchos niños participaron en el evento, lo que redundará en su conciencia ecológica. Bien.

Pero, 9 millones de árboles no son nada comparada con la grandeza de la naturaleza, en una sola selva de las que tenemos en México hay mucho más que esa cantidad y el 5 de julio pasado, se sembraron en todo el país.

25 millones de pesos, ó 30 ó 100 ó mil, no es nada comparado con el daño que le hemos causado a la naturaleza desde hace varias décadas. La inversión en la recuperación de nuestro medio ambiente debe ser mucho mayor, no sólo en términos financieros, sino en participación ciudadana, en participación gubernamental, en la educación de especialistas para mantener un evento de reforestación constante durante todo el año, en el que se deben incluir, forzosamente a empresarios cuyos negocios se basan en la explotación de bosques, selvas, ríos, etc, etc.

¿Cuánto tiempo hace que estamos destruyendo a la naturaleza?, ¿desde cuándo nos dimos cuenta que debemos rescatar el medio ambiente para llevar una vida mejor? y ¿desde cuándo estamos trabajando para lograrlo?

Ese constante ataque al medio ambiente ya no tiene muy cerca de un desastre mayor, algunas consecuencias de ello se han vivido en entidades donde las selvas y los ríos son caudalosos, como Chiapas, Veracruz, Oaxaca; lugares donde los efectos de tormentas, deslaves, inundaciones y demás son con tanta fuerza que las comunidades asentadas ahí sufren severas consecuencias.

El daño no es exclusivamente en México. Esto se está dando a nivel mundial y, si lo vemos desde ese punto de vista, pues la inversión que debemos hacer pudiera salirse del presupuesto nacional.

De todas formas ya es algo, de más de 100 millones de habitantes que somos en México, más 500 mil se dieron la oportunidad de sembrar un árbol.

Pero no debería quedar sólo ahí. La misma dependencia debería dar seguimiento y de alguna manera obligar a quienes se les pagó por sembrar el árbol, a que lo cuide, lo asee, lo vigile de la depredación y que esa planta tenga la oportunidad de crecer.

Porque si nos quedamos sólo en la jornada del 5 de julio, pues será más de lo mismo, una pose oficial para salir en la foto y hacer creer a quien sabe quién que sí están haciendo “algo” por el medio ambiente. ¡Por favor!

Los altos funcionarios tanto se la Semarnat, como de todo el gobierno federal, estatal, municipal y todos quienes viven de los impuestos ciudadanos, deberían bajarse de su torre de marfil, dejar a un lado su soberbia y hacer caso a especialistas, quienes han señalado que actividades como la del 5 de julio no remedian la situación; por ejemplo: Greenpeace propone, para salvar los bosques, que se promueva un manejo forestal sustentable en comunidades y ejidos.

Que la gente que vive en los bosques pueda aprovechar los recursos forestales, lo cual combatirá la pobreza sin destruir los bosques.

Dicen que se está pagando entre un peso 70 centavos y dos pesos por árbol, así que si alguien planta 100 árboles recibe 170 pesos; eso no es combatir la pobreza.

Además, cuando se permite a las comunidades hacer un manejo de los recursos forestales, éstas son las más interesadas en defenderse de la tala ilegal, combatir los incendios y cuidar la regeneración del bosque después de su aprovechamiento.

Si los funcionarios no le encuentran lógica a lo anterior, pues le están haciendo al tío Lolo.

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